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Crónica de un vuelo compartido: A casi 10,000 días de elegirnos cada día

hace 4 horas
2 min de lectura
Gabriela Torres de Moroso Bussetti
Gabriela Torres de Moroso Bussetti

Entre el 6 de noviembre de 1999 y hoy, 27 de septiembre de 2026 han transcurrido 9,827 días (lo que equivale a 26 años, 10 meses y 21 días, considerando 7 años bisiestos en el periodo). 9,827 veces en las que me he sentido profundamente elegida por ti, por encima de tus costumbres, tus tradiciones, tus sabores, tus amigos, tu familia y tu país en general.


Y hoy, casi diez mil días después, soy una convencida de que existen superhéroes cuyas capas no están hechas de telas comunes, sino de risas compartidas, silencios entendidos, tormentas superadas con una complicidad que desafía al tiempo.


A nuestra edad, yo con 60 y tú con 65 años, la verdadera valentía no reside en salvar al mundo en un solo destello, sino en aprender a renovar y a construir un universo donde la cotidianidad es el enemigo por vencer para que el amor se renueve cada mañana como una decisión consciente y cuando tomamos nuestros anillos y nos preguntamos mutuamente: “¿Otra vez sí?”


Gracias por hacer tan simple para mí el arte de elegirnos nuevamente cada día de nuestra vida. Casi 10,000 días juntos que se sostienen sobre el puente invisible pero indestructible de nuestro coeficiente emocional. Y hoy somos casi 27 años más viejos, pero también casi 27 años más conscientes y más responsables de nuestras elecciones y de cómo esas elecciones afectan al otro. Responsabilidad afectiva, le llamamos los psicólogos.


Durante ya casi 3 décadas he volado a tu lado, a tus 198 cm. de altura. Y desde esa altitud he aprendido a vivir diferente. Una vida llena de principios y de los valores que hoy rigen mi vida y que son la base del ejercicio de mi profesión y me hacen ser una psicóloga que hace una terapia diferente, basada en la integridad personal.


Abajo quedó el bullicio de una vida haciendo las cosas bien, pero no las cosas correctas. Desde tu altitud emocional he contemplado un bello horizonte con la serenidad de quien ya no tiene prisa por llegar a ninguna parte, porque el destino nos unió y desde entonces mi vida y mi profesión tienen una altitud diferente. Una en la que cada uno asume su responsabilidad. Una donde ambos reconocemos que el bienestar de nuestra relación es producto de nuestros valores, y no de nuestras emociones. Es el resultado de nuestras elecciones y no de nuestras condiciones.


Gracias por eso. Y sí: Otra vez sí.

¡Gracias por preguntarlo de nuevo hoy!

¡Te amo Grandote!

¡Tu morocha soy!

Gabriela Torres De Moroso Bussetti


 
 
 

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